Hacia la descarbonización de la movilidad

Hace unos días leía un artículo que hablaba sobre el borrador de la nueva Ley de Transición Energética y Cambio Climático, y de los cambios que podría sufrir en los próximos meses. Decía que la transición a la movilidad sostenible parece imparable y que el ejecutivo se encuentra “obcecado con el coche eléctrico” pese a la creencia de las marcas de coches, empresas de hidrocarburos y gasolineras de una “convivencia entre todas las tecnologías”. Que en vez de imponer se debe incentivar, (no les falta razón, pero también pueden convivir, o ¿es que acaso no ocurre en otros ámbitos?) y que los plazos marcados en la mencionada ley son insuficientes para una transición ordenada sin afectar a los intereses, en fin de las empresas antes mencionadas y sus auxiliares.

Si a algunos el horizonte marcado en el borrador de 2040 para una transición adecuada a un escenario de movilidad cero emisiones para 2050 les parece corto, quizás en mi modesta opinión se debería haber actuado muchísimo antes, puesto que ya estamos siendo testigos de los estragos que en la actualidad está sufriendo nuestro planeta y los que en el habitamos, debido a los efectos ocasionados por las emisiones de gases contaminantes, que afectan al cambio climático y a la salud de las personas. Es evidente pues, que a estas alturas nos entre las “prisas”, ya que las emisiones debidas a la movilidad por carretera no han parado de crecer en todos estos años, mientras que los de la industria si se han visto reducidos, motivado a que el foco anticontaminación se había puesto sobre ellos. A los datos me remito, cada cual es libre de consultar esto en “San Google”.

Por otro lado, también  se hace referencia a las carencias de infraestructuras de recarga, su elevado coste de implantación y la falta de demanda al haber pocos coches eléctricos circulando (también se debería hablar sobre la falta de oferta de estos vehículos, que como ya algunos nos imaginamos, los grandes fabricantes no se encuentran cómodos con ésta nueva tecnología).

Otro inconveniente añadido es el de la necesidad de disponer de elevadas potencias contratadas con la compañía de suministro eléctrico, para así poder ofrecer un adecuado servicio de recarga en itinerancia. Del mismo modo se habla sobre la incapacidad de la red de distribución eléctrica para asumir  las mencionadas potencias en las principales rutas de tránsito dónde cabría esperar disponer de las instalaciones necesarias para la recarga del vehículo eléctrico. Todo esto  pone en entredicho la viabilidad técnica de una instalación de éste tipo.

Pero dicho esto, en realidad el proceso de repostaje de un vehículo convencional no difiere tanto de un vehículo eléctrico, así como la infraestructura necesaria. Ni el coste de los puntos de recarga difiere de un surtidor convencional (distinto es que se infle) y tampoco se necesitan grandes potencias para el suministro de energía.

Veamos, la recarga ultrarrápida de un vehículo eléctrico no se entendería sin un aporte de acumulación (Depósito de energía), del mismo modo que los depósitos de almacenamiento de combustibles de las estaciones de servicio, que son rellenados por una amplia red de distribución bien organizada de vehículos cisternas que a su vez se rellenan de otros depósitos de almacenamiento de las principales empresas de hidrocarburos que operan en nuestro pais, y podríamos seguir con el transporte del crudo por mar desde los puntos de extracción, etc,  toda una infraestructura perfectamente preparada y organizada para ofrecer este servicio de suministro y hacer posible la movilidad tal y como la conocemos en la actualidad. No es de extrañar que todos los que operan de un modo  u otro y viven con éste servicio se pongan algo nerviosos.

Aplicado al vehículo eléctrico para su repostaje,  los depósitos de energía (almacenamiento de energía) se rellenarían en éste caso de energía eléctrica procedente de centros de producción descentralizados por ejemplo de renovables que podrían ubicarse próximos a los puntos de recarga, y por supuesto  de la red de distribución eléctrica, pero ya no necesitamos disponer de elevadas potencias, es decir, rellenamos el depósito con un caudal de energía de menor potencia del mismo modo que la manguera del camión cisterna  rellena los depósitos de combustibles en las estaciones de servicio para que los vehículos convencionales puedan repostar.

Reabastecimiento combustibles

Otro elemento de que el vehículo eléctrico hace gala es el de su alta tecnología, se usa mucho la analogía de un Smartphone con ruedas. Una de sus funciones es la de guiarte hacia los puntos de recarga, con lo cual cuando el usuario necesita repostar, el mismo vehículo indica aquellos puntos de recarga más próximos en itinerancia dónde existe disponibilidad para recargar.

Es cierto que se deben cambiar ciertas cosas, pero también es cierto que lo único que hace falta es voluntad de querer cambiarlas.

Verán ustedes, a corto plazo la movilidad eléctrica se hará más económica, las baterías de los vehículos eléctricos aumentarán su densidad de carga, más energía y menos peso, y por supuesto serán capaces de cargar por completo en pocos minutos, como ocurre con un vehículo convencional. También incrementarán su autonomía, porque se mejorará la eficiencia de los vehículos eléctricos.

La movilidad eléctrica será mejor, más diversa en todo el mundo,  y todo esto está a la vuelta de la esquina.

José A. Núñez Ordóñez (19 Posts)

Soy Ingeniero, siempre buscando mi mejor versión. Espero que el contenido publicado te sea útil. ¡Gracias por visitarme!


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